El Día de los Inocentes

29 08 2008

Es chocante darse cuenta de que algo que nos habían enseñado desde pequeños y que habíamos dado por supuesto toda nuestra vida resulta ser, después de todo, falso. Mi padre, por ejemplo, me contó una vez que se sintió profundamente traicionado cuando, al final de su infancia, se encontró accidentalmente en la habitación de sus padres todas las cartas que él creía haber enviado a los reyes magos en años previos.

Aunque yo mismo ni siquiera recuerdo el momento en que descubrí la verdadera identidad de Papá Noel, los reyes magos o el ratoncito Pérez, sospecho que ésta debe ser la primera ocasión en nuestras vidas en la que somos confrontados con el hecho de que no podemos confiar ciegamente en todo lo que se nos dice, ni siquiera cuando lo dicen nuestros propios padres.

Afortunadamente nuestros padres sólo tratan de hacernos felices, pero éste no es siempre el caso con otra gente y tarde o temprano todos acabamos teniendo la amarga experiencia de que alguien nos engañe y se aproveche de nosotros.

A pesar de estas vivencias curtidoras, muchos de nosotros permanecemos predispuestos a creernos casi cualquier cosa que se nos diga, siempre y cuando se reúnan ciertas condiciones. ¿Cuales son esas condiciones? Dado que la respuesta a esta pregunta dista de ser simple, y dada su importancia para entender la conducta humana, voy a explorar esta cuestión detenidamente en mi próxima entrada, en la que también hablaré de la fiabilidad de los distintos criterios que habitualmente usamos para juzgar la validez de las afirmaciones.  

Anuncios




Blog Socrático

28 08 2008

 

Hola a todos!

Ubi dubium ibi libertas es un proverbio latino que significa “Donde hay duda, hay libertad” o, en otras palabras, que la libertad consiste en poder cuestionar abiertamente todo aquello que se nos dice, no importa quien lo diga ni cuanta gente lo diga. A la verdad le dan igual el poder y la democracia.

Dudar es un ejercicio muy saludable que toda persona inteligente debe practicar cuanto más a menudo mejor. Todos deberíamos seguir el ejemplo del gran filósofo griego Sócrates, quien, si la información que nos ha llegado de él es correcta, hizo de la duda su estilo de vida, su herramienta principal para distinguir lo cierto de lo falso, lo que sobrevive al escrutinio lógico de lo que no. Sócrates se mantuvo fiel a la verdad hasta las últimas consecuencias, que en este caso implicaron beber cicuta antes que retractarse de sus críticas a la clase dirigente ateniense.

Mientras casi todo el mundo se creía todo aquello que su sociedad le inculcaba desde pequeño, Sócrates tuvo la osadía de pensar por si mismo, de poner en cuestión, entre otras muchas cosas, las actividades de los mandamases de su tiempo e incluso las de los dioses del olimpo, de quienes dijo que, si de veras existían, lo cual dudaba, eran todos un hatajo de impresentables (algo que también puede decirse de nuestros dioses actuales).

En mi opinión, gente como Sócrates es lo que necesita nuestra sociedad actual, cuanta más mejor, si a lo que aspiramos es a mejorar el mundo en que vivimos y librarlo de las colosales injusticias que lo plagan por todas partes. Pienso que siempre ha habido, y sigue habiendo, gente como él en el mundo, aunque no todos adquiriesen la fama póstuma que a Sócrates le dio su discípulo Platón.

En este blog aspiro ni mas ni menos que a difundir el espíritu critico del que Sócrates fue pionero y que tantas otras personas después de él (y antes) han usado de forma tan admirable, aunque en no pocos casos ello les haya llevado a tener que enfrentarse a las “autoridades”.