Creer o no creer, esta es la cuestión

31 08 2008

¿Qué es lo que hace falta para que alguien nos convenza de la veracidad de una afirmación? He aquí algunos de los factores que en mi opinión juegan un papel importante:

1. Evidencia tangible. Todos creemos en aquellas cosas que podemos experimentar de forma directa, ya sea a través de nuestros ojos, oídos, nariz, lengua o piel. Sin embargo, aunque nuestros sentidos constituyen en general herramientas cognitivas fiables, existen casos donde la información que nos proporcionan es defectuosa. En efecto, alucinaciones de varios tipos han sido descritas desde hace tiempo, especialmente en conexión con el sueño y con ciertas drogas, por lo cual siempre debemos ser cautos a la hora de asumir que algo que hemos visto u oído existe realmente fuera de nuestra cabeza. Por último, incluso cuando nuestra percepción no nos falla, siempre queda la posibilidad de que alguien haya plantado esas pruebas para despistarnos y hacernos creer cosas sin fundamento.

2. Recuerdos. En ocasiones creemos cosas porque estamos convencidos de que las vivimos en el pasado. No obstante, se han documentado múltiples casos en los que recuerdos han sido distorsionados más o menos sutilmente con el paso del tiempo, a menudo sin que la persona que los alberga se percate de ello en lo más mínimo. Esto es especialmente cierto para recuerdos muy viejos o recuerdos de cosas soñadas. Para un análisis más detallado sobre como nuestros sentidos y nuestra memoria nos pueden a veces fallar, os recomiendo el libro “El Mundo y sus Demonios”, de Carl Sagan.

3. Autoridad. A menudo nos creemos cosas que oímos simplemente porque proceden de una fuente que nos inspira confianza. La cuestión clave, por consiguiente, consiste en entender qué criterios utilizamos para determinar qué fuentes de información son fiables y cuales no lo son. En general, consideramos una fuente fidedigna si nos parece que sabe más que nosotros del tema en cuestión, ya sea porque haya estudiado más, sea más inteligente o esté mejor conectada que nosotros. Sea como fuere, debemos andarnos con cuidado en estos casos, pues nuestros informantes (1) pueden usar su posición privilegiada para engañarnos y aprovecharse de nosotros, (2) pueden ellos mismos haber sido víctimas de un engaño, ó (3) pueden no ser tan listos o estar tan bien conectados como nosotros creíamos. Por lo tanto, siempre que sea posible debemos examinar los datos originales (documentos, resultados experimentales, testigos de acontecimientos,…) y, si eso no es posible, como mínimo tendríamos que comprobar el historial de la fuente que pretendemos usar: ¿si alguien ya nos mintió en el pasado, qué garantía hay de que no lo vuelva a hacer?

4. Confianza. Algunos de nosotros tenemos propensión a creernos lo que nos dice gente con la que nos sentimos a gusto, mientras que tendemos a rechazar lo que nos dicen otras personas que nos caen mal o a las que no conocemos bien. En otras palabras, primero utilizamos nuestros instintos subconscientes para catalogar a los demás como “amigos” o “enemigos”, y luego nos creemos sólo lo que dicen nuestros supuestos amigos. Ni que decir tiene que este es un método muy defectuoso de llegar a la verdad, pues en este caso nuestras decisiones no se basan en el contenido de las afirmaciones en cuestión, sino en etiquetas que le pegamos a la gente en base a nuestras percepciones inconscientes. A veces las grandes verdades las dicen individuos que nos parecen insoportables, mientras que nuestros amigos pueden a menudo estar completamente equivocados.         

5. Cómo nos hace sentir. Parecido al caso previo, a veces tendemos a creer lo que nos hace sentir bien y nos negamos a creer lo que nos hace sentir mal. No creo que deba consumir mucho tiempo explicando lo obvio: las cosas son como son, te gusten o no.  

6. Creencias previas. Los niños están muy abiertos a aprender nuevas cosas. Sin embargo, cuando nos hacemos mayores todos nosotros comparamos cada vez más la nueva información que recibimos con la información que fue grabada años atrás en nuestros “discos duros”. Si se produce una colisión entre los datos nuevos y los viejos, lo más habitual es que nos quedemos con lo viejo y rechacemos los nuevo (a menos que las pruebas a favor de lo nuevo sean abrumadoras). Sin embargo, este conservadurismo intelectual no tiene fundamento alguno: los hechos deben ser analizados cuidadosamente y sin prejuicios y, si lo nuevo es más convincente que lo antiguo, entonces debemos estar contentos de abandonar nuestras viejas ideas y sustituirlas por otras más frescas y acuradas.

7. Razonamientos aparentemente sólidos. En ocasiones se nos presentan afirmaciones que parecen derivar lógicamente de premisas bien establecidas. En este caso, la afirmación en cuestión será correcta si y sólo si (1) las premisas son correctas, y (2) los razonamientos son impecables. Parece simple, pero en la práctica a menudo nos encontraremos con inferencias lógicas que, aunque parecen indiscutibles a primera vista, resultan ser falaces cuando se analizan en detalle. Una espléndida herramienta para analizar la validez de cualquier proposición es el “kit de detección de falacias”, descrito en el ya mencionado libro “El Mundo y sus Demonios” de Carl Sagan (ver siguiente entrada).   

Probablemente existen otros factores que influyen a la maquinaria cerebral de las creencias: si se te ocurre alguno que yo no he mencionado, añádelo como comentario a esta entrada.

En resumen, cuando se trata de creer, estamos altamente condicionados por la manera en que nuestros cerebros están construidos, lo cual a su vez está determinado por una multitud de factores innatos así como por nuestras experiencias anteriores. Debemos ser conscientes de estos hechos para poder eliminar los factores sujetivos de nuestros análisis y de esta forma aproximarnos lo máximo posible a la realidad objetiva (es decir, la realidad que puede compartirse con y ser demostrada a los demás).

Cerebro arco iris: corteza cerebral de un ratón cuyas neuronas expresan varios marcadores fluorescentes.

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One response

27 10 2008
Pensamiento Critico « Ubi Dubium ibi Libertas

[…] razones de tan lamentable hecho son complejas y fueron en parte tratadas en mi previo ensayo “Creer o no creer, esta es la cuestion“. En el caso de la religion, por ejemplo, mantener la credulidad de los feligreses suele […]

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